domingo, 24 de agosto de 2014

Los pitufos hace mucho que son diminutos

¿Cómo no mencionar a los Pitufos? Este pueblo de seres azules y traviesos, un poco atolondrados, mayoritariamente masculinos (con lo que imaginamos alguna que otra orgía gay en sus confortables setas) nos conquistaron allá por los años setenta y ya se quedaron para siempre en nuestro universo emocional. Nacidos en Francia como Les Schtroumps, en España decidieron llamarse Pitufos en vista de su impronunciable nombre original.

Liderados por Papá Pitufo y el Gran Pitufo, únicos con sombreros rojos (los demás lo llevan blanco), el pueblo pitufo ignora los nombres propios, y se llaman y reconocen entre sí por su cualidades o defectos: Pitufo gafotas, Pitufo poeta, Pitufo perezoso, Pitufo bromista… un poco como los indios norteamericanos, que se nombraban en función de una circunstancia relevante de sus vidas y no por un santoral..

Una maravillosa ocurrencia del mundo pitufo es que hablan precisamente el idioma pitufo: un lenguaje que es capaz de expresar mil cosas con la palabra-adjetivo-verbo «pitufo»… aunque a nosotros los humanos nos resulte incomprensible, ellos distinguen perfectamente el sentido de las frases por más que únicamente usen el verbo pitufar, el nombre pitufo y el adjetivo pitufo, que sirven tanto para un roto como para un descosido. Por ejemplo, "el pitufo que pitufa pitufo" quiere decir "dragón que echa fuego". Como podría decir cualquier otra cosa, según el momento…

Entre todos ellos, a lo Marilyn Monroe en Los caballeros las prefieren rubias, destaca La Pitufina, que ejerce de caprichosa y reiterada tentación en el mundo pitufo, no sabemos si buscando un pitufo pitufo (o sea, un millonario pitufo). O quizá sea la acompañante solícita de todo grupo gay que se precie, o quizá una aspirante a reina de los bandidos… quién sabe. El caso es que el mundo de los pitufos no se puede decir que fuese igualitario.. claro que nacieron en una época en la apenas empezaba a plantearse esta cuestión.

El gato Azrael.
Wikipitufos
Naturalmente tienen feroces enemigos, como el brujo Gargamel y el gato Azrael, que maquinan una y otra vez maldades contra los pitufos que nunca consiguen llevar a buen término. Lo que me lleva a preguntar… ¿por qué los malos de las series infantiles suelen ser gatos? Estas coincidencias, aparentemente fortuitas, llevan inconscientemente al rechazo de algunos animales, ellos sí inocentes de la imagen que proyectamos en ellos… Y los gatitos pueden ser los más cariñosos compañeros que podamos imaginar (excepto en el mundo pitufo, claro está). Y esto me lleva a preguntarme: ¿tienen mascotas los pitufos...?

Recientemente (para que veáis que no son cosa del pasado) han estrenado una peli más sobre el mundo de los pitufos (a su costa, podríamos decir). Para mi gusto, cometiendo el error de sacarlos de su mundo y enviarlos a Nueva York (la manía de los norteamericanos de mandar todo lo que se mueve a esa ciudad! (¿recordáis al cerdito Babe?), para acabar haciendo las mismas tonterías que hacen todos los personajes que los estudios de Hollywood adaptan para su público; encima, es una combinación de imagen real y animación. Intento más que fallido. Esperemos que la próxima vez se anime Pixar...


Pueblo de Júzcar,
primer pueblo pitufo del mundo
En honor de los pitufos, el pueblo español de Júzcar, en Málaga, decidió pintarse de azul, y ahí sigue, como un homenaje rural al mundo de estos diminutos personajes. De cómo los pitufos fueron a parar al sur de España no se ha dado explicación, pero ya sabemos que las diminutopías surgen en cualquier rincón del planeta; basta un poco de imaginación que las aliente.

Si queréis saber más sobre estos personajes, podeís visitar una wikipágina enteramente dedicada a ellos.

martes, 19 de agosto de 2014

El humo que truena en el río Zambeze


Además de a un lago (el más grande de África) la soberana británica Victoria (1819 - 1901) también dio nombre a las cataratas más espectaculares del continente y las mayores del mundo, con más de 100 metros de altura y más de un kilómetro y medio de anchura. En realidad, el verdadero nombre de las cataratas fue Mosi-oa-Tunya, que significa El humo que truena. No me negaréis que es un nombre infinitamente más bonito que Victoria... Están situadas entre Zambia y Zimbabue, integradas en parques naturales de ambos países.

El omnipresente Livingstone
Pero su pertenencia a la nomenclatura que los británicos dejaron sembrada por todo el mundo fue debida a que uno de los más abnegados súbditos de la corona británica, el misionero David Livingstone, fue el personaje que las descubrió (para occidente) y les dio la real denominación.

Parece que nunca bastaba con los nombres indígenas y que había que darles nombres "serios" a las cosas, qué manía. En el fondo, una forma más de desprecio por la culturas que los exploradores se iban encontrando, más preocupados por alcanzar la gloria y descubrir parajes para su explotación y pillaje que por un auténtico afán de conocimiento. El no respetar los nombres originales no es un juego de letras inocente, sino una forma de borrar la historia previa a la colonización, los dioses que habitaron sus orillas, las leyendas, los albores de la cultura humana en esas tierras y su convivencia con las demás especies animales.

El río Zambeze (en cuyo curso se hallan las famosas cataratas) nace en Zambia, en el África austral, y desemboca en el océano Índico. Es el cuarto río más largo de África. La región por la que discurre este río era relativamente bien conocida, y se denominaba por parte de los geógrafos medievales como Imperio de Monomotapa. Imperio que, dicho sea de paso, ya se encargaron los portugueses de asediar y destruir convenientemente desde que descubrieron los beneficios del tráfico del oro y el marfil (o sea, ese material conseguido con el sacrificio cruel y constante de elefantes).

Lamento contaros también que dos presas (Kariba y Cahora Bassa) han alterado profundamente los ecosistemas del río, de manera que todo el hábitat que surgía con las inundaciones periódicas se ha alterado gravemente, sobre todo respecto a los grandes mamíferos. Es lo que tienen las presas en todo el mundo, que dan mucha energía, sí, pero quitan muchas vidas también, igualmente valiosas. Menos mal que en el África diminuta no hay ninguna presa….

Vasco da Gama
La desembocadura del río fue descubierta en 1498 por el navegante portugués  Vasco da Gama. Pero el primer europeo que exploró el curso superior del río fue David Livingstone, como dije al principio. Asimismo, en su descenso por el río hasta su desembocadura, el misionero descubrió las cataratas cuyo nombre indígena ignoró para dárselo a su soberana. En realidad hizo múltiples exploraciones, desde diversos puntos, hasta dibujar una visión global del río y sus múltiples afluentes y cascadas.

El tiburón de las aguas dulces
Como curiosidad inquietante, os diré que en este río, y también en el amazonas y en otros ríos caudalosos como el Ganges, se puede ver con frecuencia un tiburón de gran tamaño (más de tres metros) que es capaz de remontar cursos de agua dulce, el tiburón Lamia o Gayarre. Y esto es así por una glándula especial que tiene en el riñón que le permite contener el agua salada en su organismo y expulsar el agua dulce, lo que hace que el animal pueda estar en aguas dulces durante más de un año. Para otros peces marinos esto sería imposible.

Aunque su sola mención despierte cierto miedo, en realidad los infelices tiburones (imprescindibles en el ecosistema marino) sólo cumplen con sus instintos y capacidades naturales para obtener alimento y en muy pocos casos son depredadores del hombre. Su fama sanguinaria (ya proclamada desde los títulos de los documentales y películas) es totalmente inmerecida, y lamentablemente lleva a muchas personas a creer que son un peligro a eliminar. Como tantos otros hermosos animales que han ido cayendo por el simple hecho de resultar una competencia para una especie que lo quiere todo para sí; o sea, la nuestra.

La que debiera tener fama de destructora y cruel sin límites es precisamente la especie humana, que es capaz de cortarles las aletas vivos (en una práctica denominada finning en inglés) y arrojarlos de nuevo al mar para una muerte lenta y angustiosa. Si quieres, puedes colaborar para detener esta práctica infame.

P.D: Perdonad porque creo que me ha salido un post demasiado realista… en otra ocasión prometo defender mejor la bandera de las diminutopías!








viernes, 15 de agosto de 2014

Cuando los Oompa Loompa dejaron de ser africanos

No podían faltar en este blog. Regreso de mis breves vacaciones presentando a unos amigos que para qué quieres enemigos…  Reconozco que no sé si me caen bien, porque estos diminutos clonados tienen unas caritas muy poco amigables… pero dan mucho juego. Esta tribu de pequeños hombrecillos aparece en la película de Tim Burton Charlie y la fábrica de Chocolate (2005). Son pigmeos de Loompalandia, reclutados oportunamente por Willy Wonka para su fantástica factoría por un puñado de nueces; en esto se comportan como la mayoría de los nativos "descubiertos" por los occidentales: son engañados por una chuchería cualquiera que para ellos es extraordinaria. Pero es que estos Oompa Loompa estaban un poco hartos de comer orugas y a Willy le iban a resultar muy útiles por su práctica de la magia negra.

Para magia, la que hace Willy con el chocolate: inolvidables esos diminutos pájaros de chocolate que cantan y despliegan sus alitas antes de ser engullidos. Hablando de canciones, los Ooompa Loompa también cantan, y muy bien.



Todos tienen la misma cara, con un peinado-moño hacia atrás y unos coloridos trajes de charol apropiados para acompañar a una Blancanieves un tanto dominatrix.


No hay tarea que se les resista a estos laboriosos empleados, y sin duda la fábrica funciona gracias a ellos.. además son capaces de organizar crueles venganzas sin que se les mueva un pelo del moño: el pobre gordito glotón, ahogado en chocolate; la niña insoportable comedora de chicle, lapidada por miles de ardillas…

En su edición original, los Ooompa Loompa eran pigmeos africanos y la obra fue acusada de racista (con toda la razón, ya que eran esclavizados y tratados como animales); así que, en sucesivas ediciones, desaparecieron como pigmeos para convertirse en blanquecinos hippies, y su origen africano se recicló en un reino imaginario. Y es que siempre hay que tener cuidado con lo que denominamos "cultura popular"; damos por hecho ciertos prejuicios muy hirientes para los colectivos afectados, y perpetúan un concepto de superioridad muy trasnochado. Además, introducidos en tramas infantiles son aún más peligrosos, pues los prejuicios están revestidos de inocencia. Tim Burton les devolvió un oportuno color tostado, pero parece que esta vez no levantó mayor polémica, imagino que porque ellos participan entusiásticamente de las labores que les propone el director de la fábrica, saciando de paso unos deseos de venganza que sus miraditas maliciosas delatan… vamos que simpáticos, lo que se dice simpáticos, no son...

La película está basada en la novela del mismo nombre de Roald Dahl, escritor que cuenta con numerosas obras para el público juvenil. Pero, una vez la historia ha pasado por las manos (y los ojos) de Tim Burton, resulta difícil visualizarla de otro modo..

lunes, 28 de julio de 2014

Vacaciones diminutas

Hola amigos.

Sí, yo también me voy de vacaciones. Pero las instalaciones siguen abiertas… podeís viajar a través del continente africano o a través de los mundos que he ido comentando en este blog, mundos del cine, la televisión o la literatura poblados también por personajes diminutos.

Dejo en suspenso, sólo por unos días, este blog en el que comparto diminutas grandes experiencias.. espero que os esté gustando y que no dejéis de seguirme a la vuelta, allá por el día 15 del próximo agosto!

Un diminutabrazo.

PD: Cuidad del hombre menguante.

viernes, 25 de julio de 2014

Diario del hombre menguante III

Contemplando los elefantes de Dzanga Bai
Me vais a perdonar, pero es que me he perdido por las selvas del Congo. Como recordaréis, estoy buscando a la reina de Saba, de la que se comenta por todos los poblados que tiene poderes extraordinarios. Me habían dicho que podía estar en Zimbabwe y allá que me fui, pero, como os conté, allí sólo encontré ruinas. Así que decidí a viajar hasta Etiopía, el otro lugar en el que, me decían, podía encontrarse su reino. Algún día la encontraré, no lo dudéis.

Y os preguntaréis, ¿qué empeño tiene este hombre diminuto en encontrarse con la Reina de Saba? Pues os lo voy a decir: mi mayor deseo secreto (desde este momento, secreto ya no) es pedirle que me otorgue la visión a todo color. Sueño con ver las cosas bañadas en mil colores, como deben ser en realidad. Bastante tengo con ser minúsculo como para, encima, tener que ver el mundo en blanco y negro. Si es, o no, otro efecto de la radiación, yo no lo sé. Pero creo firmemente que las cosas deben ser en color.

El gris está muy bien, y desde luego no se podía pedir otra cosa allá en 1957 cuando empezó todo este experimento con mi película El increíble hombre menguante, pero sospecho que el color existe a mi alrededor; ¿os podeís imaginar la frustración de saberse rodeado de color y no poder verlo? Pienso que los colores cambiarían mi forma de ver el mundo, tal vez sería más optimista, incluso más aventurero…

Una imagen de la reina de Saba,
siempre con su león
Pues bien, desde el sur del continente emprendí el viaje, atravesando savanas y parajes selváticos, hasta que me encontré de repente con una selva de un tamaño inimaginable, un verdadero muro verde que se extendía mucho más allá del horizonte: la jungla que bordea el río Zaire (bueno, parece que los occidentales lo llaman Congo). Como imaginaréis, estas selvas no están deshabitadas: hay animales imponentes por doquier y también tribus a las que conviene no molestar. No quise arriesgarme a un malentendido con los Kongo, pero pude ver uno de sus poblados desde mi escondite en la jungla. Incluso llegué a pasar por el santuario de elefantes llamado Dzanga Bai, en plena selva.  

Continué mi camino valerosamente entre la jungla y, tras unos días interminables entre mosquitos, los más salvajes entre los animales sin duda, ví a lo lejos una cadena de montañas, tras las cuales parece que se encuentra el lago Tanganika. Cuál no sería mi sorpresa cuando divisé a un grupo de esforzados nativos junto con exploradores europeos capitaneados por… el mismísimo Tarzán de los monos! Subían afanosamente los escarpados riscos, con el peligro de caer al vacío, como había visto yo en muchas de las películas que cuentan su vida y hazañas. ¿Sería esta una película más?

Tarzán, seguido por un explorador y varios porteadores
Siempre soñé con su mundo, sus películas, tan distintas de la mía: él en intrincadas selvas, yo en un húmedo sótano, él el rey de los leones, yo la presa de un gato.

Lamentablemente, la visión duró poco, ya que desaparecieron en las brumas de los altos picos camino del santuario de gorilas de las montañas Virunga. Tras ellos encaminé mis pasos, pues son pocas las ocasiones de hablar con occidentales por estas tierras.

miércoles, 23 de julio de 2014

Insectopía

Por descontado, la diminutopía más deseada sobre la tierra es la de las hormigas de la película Antz… latas de refrescos diseminando su pegajoso contenido, envoltorios de caramelos, restos de pasteles, frutas en descomposición… Insectopía, todo un universo pringoso para disfrute de hormigas y demás parientes, es un feliz hallazgo del cine, envuelto en la canción de Neil Finn que pone música a semejante paraíso: I can see clearly now the rain is gone… 

Y es que los insectos saben mucho de mundos diminutos.. ellos atesoran las pequeñas partículas de alimento que para nosotros son invisibles, elaboran minuciosas y asombrosas ciudades, tienden trampas, trepan hasta alturas increíbles, se manejan por la oscuridad con misteriosos sentidos, se comunican en un lenguaje inaccesible para los humanos... Luchan, aman y mueren en un formato mínimo que nos hace mirarles, cuando nos damos cuenta de su presencia, entre la simpatía, la admiración y el asco, según sean hormigas,  mariposas o gusanos.

Y es que también a este mundo paralelo le aplicamos las reglas de nuestro, ése si pequeño, mundo mental. Valoramos el mundo natural y animal en función de lo que nos aporta, del uso que le damos, de lo parecidos o no a nosotros y nuestro lenguaje que sean sus especímenes. De todos modos, sus diminutas vidas poco nos importan, aunque demuestren sobrevivir en las condiciones más extremas, en lugares que a nosotros nos resultan vedados.

Salvo los budistas, que ponen buen cuidado en no pisar ni una hormiga, los humanos no conceden a los insectos la categoría de seres vivos; más bien pensamos de ellos que son como pequeñas máquinas sin emoción, sólo alabadas cuando son productivas. Y sabemos tan poco de estos animales! Bueno, de los demás tampoco sabemos mucho, pero parece que les otorgamos algunos peldaños más en la escalera que se acerca al rey (tirano más bien) de la creación.

Cuando nos asomamos a su mundo con humildad y sincero afán de descubrimiento, nos podemos encontrar, por ejemplo, con la visión que recoge la maravillosa película documental Microcosmos, de Claude Nuridsany y Marie Pérennou. Un espectáculo con grandes batallas, gestas heroicas, lances amorosos... que nos brindan una magnífica ocasión de revisar nuestro sentido de la superioridad. La acompaña una música inquietante y poderosa, firmada por Bruno Coulais, construída con sonidos evocadores del extraño mundo que describe el film, una banda sonora magnética con ecos de ciencia ficción que nos hace percibir el mundo de los insectos como una galaxia lejana en la que hemos aterrizado inopinadamente.

Por cierto, pensando en el futuro de otro insecto muy querido (y útil), podeís participar en la campaña de Greenpeace: SALVEMOS LAS ABEJAS. Si lo preferís, #SOSabejas No sé si sabréis que las abejas están desapareciendo masivamente en todo el mundo, siendo ya una preocupación a escala gubernamental. Pesticidas y demás productos tóxicos, además de la falta de diversidad genética en flores cultivadas, entre otros factores, están llevando al límite de la supervivencia a un animal crucial en el sistema reproductivo de las plantas y, en consecuencia, con fatales consecuencias sobre el entorno natural y nuestro propio futuro, ya que, directa o indirectamente, la mayoría de los alimentos que consumimos han tenido en estos insectos una de sus escalas obligadas.

domingo, 20 de julio de 2014

Las fuentes del Nilo


Mapa en el que se observa lo despistados
que andaban algunos sobre las fuentes del Nilo
Pocas aventuras han suscitado más empeño y desesperación que ésta: descubrir los orígenes de un río fabuloso, el Nilo, razón de ser una de las civilizaciones más refinadas y longevas del planeta: el antiguo Egipto. Un río que era un dios para las culturas que lo veneraron y, sobre todo, para los egipcios. Sus crecidas dominaban sus vidas, llenando de verdor y riqueza las cuencas del valle del mismo nombre y el delta; el resto era desheret o tierra roja. La puesta del sol por occidente al atardecer simbolizaba la muerte, y su nacimiento por oriente la resurrección; por ello, las ciudades se ubicaban siempre en la ribera Este del Nilo y las necrópolis en la orilla Oeste. Su reflejo en el cielo, la vía láctea, guió (suponemos) más de un viaje al otro mundo de sus ilustres muertos, o sea, de aquellos con posibilidades económicas de costeárselo.

Como podéis ver en la foto aérea de mi diminutopía, el Nilo discurre sinuosamente desde las tierras altas africanas hasta su delta en el mediterráneo, atravesando multitud de parajes a lo largo de sus impresionantes 42 centímetros (en mi diminutopía, claro) y 6.853 kilómetros en la realidad. Pero su curso que se ve claramente desde el aire, fue una auténtica locura descubrirlo a ras del suelo. Muchos lo intentaron, muchos murieron en el empeño. Para colmo de dificultad, en Nilo en realidad son dos: el blanco y el azul, denominados así por el diferente color de sus aguas.

El Nilo blanco había sido desde la antigüedad un río de discurrir misterioso; incluso se pensaba desde los tiempos de Ptolomeo que el río Níger era el curso alto del río.


John Hanning Speke
En realidad el Nilo blanco nace en el lago Victoria, en el que a su vez vierte sus aguas el río Kagera, siendo el origen de este río la verdadera fuente del Nilo. Pero, simplificando un poco en aras de la narración, digamos que nace en el lago Victoria. Este lago de regio (y británico) nombre fue divisado por primera vez en 1858 por el explorador John Hanning Speke, dejando atrás (enfermo) a su compañero Richard Francis Burton, que montó en cólera por la precipitada (según él) proclamación del lago como fuente del Nilo en la Real Sociedad geográfica de Londres. Speke se convirtió en un héroe y Burton fue ninguneado… menos mal que Burton, eso sí, fue el primer europeo reconocido en llegar al lago Tanganika.

Richard Francis Burton
David Livingstone intentó confirmar la tesis de Speke, pero se pasó un poco y acabó en el Congo. Finalmente sería Henry Morton Stanley quien confirmó el descubrimiento de Speke, encontrándose de paso con un Livingstone agotado al que dirigió su histórico saludo.

El Nilo azul nace en las montañas de Etiopía, en el lago Tana concretamente.

Históricamente, los orígenes del Nilo azul no se establecieron hasta los siglos XVI y XVI, cuando los europeos llegaron hasta el lago Tana. Y parece ser que fue un español, el misionero Pedro Páez, el primero en describir su origen. Y es que ya he comentado la decisiva labor de los religiosos en el descubrimiento de múltiples hitos geográficos de África; eran unos locos que, encomendándose a su dios, no reparaban en enfermedades, obstáculos, guerras o animal salvaje alguno para alcanzar sus objetivos evangelizadores. Lo que pensaron los pobres nativos, evangelizados contra su voluntad y simultáneamente sacudidos por los predicadores y los traficantes de esclavos, no lo sabemos (ya se sabe, lo importante era su alma, con su cuerpo se podía hacer negocio). Nunca imaginaron que aquellos hombrecillos de mentón apretado que llegaban a sus aldeas exhaustos, desaliñados y acribillados por los mosquitos acabarían siendo los mensajeros del desastre, para ellos y para todo su entorno natural.

El Nilo a su paso por el Egipto diminuto, con la Esfinge y las pirámides al fondo
Ambos Nilos confluyen en Jartun, en la actual Sudán, configurando un caudaloso curso que atraviesa el desierto y convierte sus orillas en casi la única fuente de vida en una tierra castigada por el sol y la arena implacables.

Como curiosidad, os cuento que lo que es navegar de principio a fin del río, sólo se ha conseguido muy recientemente; en concreto, con la expedición del sudafricano Hendrik Coetzee en el 2004. Salió de Uganda y llegó al mediterráneo 4 meses y dos semanas más tarde, gesta recogida por National Geographic. El pobre Hendrik acabó sus días en las fauces de un cocodrilo. Del Nilo.







miércoles, 16 de julio de 2014

Los diminutos seres de Hayao Miyazaki

Pocos directores de cine pueden exhibir una filmografía tan rica y sorprendente como él. Director de culto, Hayao Miyazaki es referencia obligada en el cine de animación japonés (o anime, que no manga), y un director de los que más placeres me han dado con sus maravillosas películas. Con un detalle y virtuosismo incomparable, refleja mundos totalmente personales con profundas raíces en la imaginería tradicional nipona, de la que extrae multitud de referencias que intercala con sus propias ensoñaciones, sobrevoladas siempre por diversos personajes entre la magia, la inocencia y el inexorable paso del tiempo.

Para un espectador occidental, sus imágenes resultan poéticas, terribles y desconcertantes a la vez. Sus monstruos y fantasmas, entrañables y perversos, sacuden nuestras emociones de un extremo a otro, constantemente inmersas en un mundo estéticamente magnético, en el que caben desde el reflejo más puro de las ondas de un pequeño arroyo en los ojos de un niño hasta terribles (e inútiles) guerras obstinadas en acabar con el género humano. Y siempre, el vuelo: extraños artefactos, aviones, brujas, ciudades enteras…es el alma infantil de Miyazaki, teñida con los recuerdos de su infancia, pues su padre tuvo un negocio para fabricar timones de aviones de guerra.

Chihiro o la Alicia de Miyazaki
La princesa Mononoke, activista
por la conservación de los bosques
El viaje de Chihiro, La princesa Mononoke, Mi vecino Totoro… Sus películas, habitualmente protagonizadas por una niña-mujer que sobrevive a cualquier reto que le destino quiera ponerle por delante (sea volar, visitar castillos en el aire o toparse con brujos o fantasmas de todo pelaje), discurren siempre por esa línea imprecisa de la mitología personal del director: siempre a caballo entre los recuerdos puros de la infancia (y de un Japón tradicional que sobrevive al paso del tiempo, residente en reductos escondidos difíciles de descubrir para un ojo apresurado) y las aventuras de aviadores, guerreros o brujos, siempre en la lucha por mantener la ética de la tradición, la naturaleza o la supervivencia de amores adolescentes frente a todas las dificultades del destino.
Totoro, o el duende que todos
querríamos como vecino

Os recomiendo vivamente a quienes no conozcáis la obra de Hayao Miyazaki (Óscar de Hollywood y Oso de oro en Berlín por El viaje de Chihiro, la película más taquillera de la historia del cine japonés) que veáis sus magníficas películas y, los que ya sois seguidores, que las recordéis incansablemente, pues son de una rara belleza que nunca se agota.

Pues bien, Miyazaki también ha incluído seres diminutos en sus películas… por ejemplo, los duendes del polvo y los Kodama.

Los Makkuro Kurosuke
trabajando duramente...
Los duendes del polvo, también llamados conejitos del polvo en inglés (dust bunnies) o, en su nombre original japonés, Makkuro Kurosuke (que significa algo muy negro y oscuro). Como veis en las pelis de Miyazaki, viven en casas deshabitadas, en sus rincones más ocultos, desapareciendo por cualquier rendija al menor rastro de luz. Su función principal es convertirlo todo en polvo… como se diría en España, el polvo cría polvo… Aparecen en Mi vecino Totoro como bolitas peludas y negras escondidos en el desván de la casa y también en El viaje de Chihiro, aquí con patitas, y con el nombre de Susuwatari, hechos del hollín del combustible que alimenta el incesante horno que calienta el agua de la casa de baños.

Los Kodama ensimismados del bosque de Mononoke
Mención especial en este blog merecen los Kodama, que aparecen de forma mágica y encantadora en La princesa Mononoke. Son espíritus de los bosques, y pueden aparecerse con forma vagamente humana, amables o terribles según el caso. En La princesa Mononoke aparecen dulces y delicados, como pastelitos de arroz (mmmm) aunque con un cierto estupor en sus caras que nos pone nerviosos, pues no sabemos si son amigos o simples espectadores de un inminente gran peligro sobre nuestros hombros. Pero tienen todo el encanto del mundo (¡yo quiero uno para mí!) y pronto descubrimos que sólo pueden vivir en un bosque intacto, y deseamos de todo corazón que continúen su existencia fantasmagórica en el bosque tal y como se lo encuentra el protagonista de la película, porque son un signo de la salud del entorno natural.

Uno de mis proyectos es recrear en una maqueta alguno de los preciosos escenarios imaginados por Miyazaki, os aviso si me decido por alguno y me pongo manos a la obra… cada vez que veo sobrevolar a sus personajes por esos mundos entrañables llenos de detalle, me entran ganas de vivir en ellos y conocerlos más de cerca...

Para ahondar en su personal visión del mundo y del cine, os recomiendo este libro: El mundo invisible de Hayao Miyazaki, de Laura Montero. Un exhaustivo y admirado acercamiento al mundo del maestro que nos ayudará a comprenderle mejor (pero no del todo, pues el misterio es una de sus razones de ser).

domingo, 13 de julio de 2014

Las fuentes del Congo

El curso del río Congo en el África Diminutópica

Hoy os voy a contar el descubrimiento (por los occidentales) del curso de este gran río africano, anteriormente conocido como Zaire. Es el mayor río del África central y el más caudaloso del mundo después del Amazonas. Los exploradores europeos que bordearon África ya desde el siglo XV en busca de una ruta hacia la India, oro y esclavos (siempre atentos a las oportunidades de negocio, aunque fuese a costa de las vidas de otros), tardaron mucho tiempo en adentrarse en el interior del continente. La selva tropical que rodea el Congo y sus afluentes es (era?) la segunda más extensa del mundo. Lamento deciros que la deforestación avanza cruelmente, así que no se te ocurra comprar ningún objeto de madera africana, a menos que tenga un certificado de explotación sostenible.

Uno de los mapas del Congo empleados por James K. Tuckey
Desde la antigüedad, África era un inmenso misterio, plagado de selvas y peligros de todo tipo, un espacio inabarcable del que no había mapa, plano o carta de navegación alguna, salvo los rudimentarios trazados por griegos y fenicios. Además de lo que se adivinaba o imaginaba, los relatos de los nativos aportaban dimensiones fantasmagóricas (sobre seres monstruosos, lugares de pesadilla y reinos de tesoros fabulosos) que envolvían en la bruma más absoluta a un continente que todos ambicionaban, pero que desbordaba casi cualquier empresa… su fauna, su flora o su geografía eran casi absolutamente desconocidos y objeto de todo tipo de fantasías.

La desembocadura del río Congo era conocida por los europeos desde que el portugués Diogo Cão llegó a sus aguas en 1484, para morir devorado por un cocodrilo, dicho sea de paso. Merecido se lo tenía, pues sus andanzas por el lugar no eran ajenas al tráfico de esclavos. Antes le dio tiempo a nombrarlo como Zaire, que era como le sonó a un europeo la palabra de los bakongo Nzere, o río que traga los demás ríos (bonita pero amenazante manera de llamarlo). Con este nombre se le conoció hasta el siglo XVIII, cuando comenzó a ser llamado por los europeos río Congo, por el pueblo Kongo que poblaba su cuenca.

Pero de dónde surgía el río fue bastante más complicado de descubrir. En realidad su origen es el río Lualaba, que juega al despiste porque su trayectoria va desde el lago Bangweulu hacia el norte, y los europeos (incluído Livingstone) pensaron que sería en todo caso un afluente del Nilo, pero que nunca iría hacia el Pacífico. Obviamente se equivocaron, pero es que este río hace un quiebro muy llamativo y cambia su curso radicalmente, como podéis ver en la imagen del África diminuta.

Tuckey, con un nativo a modo de adorno
Posteriormente, el británico James Kingston Tuckey, que perdió la vida en el intento, trató de remontarlo en 1816 pensando que existía una conexión con el río Níger, pero no logró superar las cataratas Livingstone, zona de rápidos muy peligrosa antes de llegar al lago Malebo, a cuyas orillas se ubican Brazzaville y Kinshasa, ambas capitales de distintos países con la palabra Congo en su denominación.

Stanley, con el imprescindible nativo a su lado
El explorador y periodista Henry Morton Stanley finalmente logró el objetivo de encontrar sus orígenes en las montañas del valle del Gran Rift, en el lago Tanganika que alimenta el río Lualaba a través del río Lukuga. De paso, Stanley descubrió las míticas Montañas de la Luna (hoy montañas Rwenzori), mencionadas por Ptolomeo como fuentes del Nilo. Además, naturalmente, encontró al Doctor David Livingstone, suponemos.

Livingstone llegó a África como misionero, como tantos otros lunáticos ultrareligiosos que en realidad lo único que consiguieron en nombre de la civilización fue abrir vías para el exterminio de la culturas nativas y la devastación absoluta de la naturaleza.

Ah, en el mapa que abre este blog podeís buscar cocodrilos, elefantes y monos...




viernes, 11 de julio de 2014

Lisa Simpson, la suprema hacedora

No sé si habeís visto un capítulo de los Simpson por que el yo tengo predilección. Concretamente, dentro de la serie la casa-árbol del terror, en su capítulo VII correspondiente a la octava temporada, hay un episodio impagable que se llama The Genesis Tub. En él aparece un precioso universo diminuto con una evolución sorprendente… ¡a partir de una muela de Lisa a modo de Big bang!

No he podido encontrar el vídeo correspondiente, pero os cuento de qué va y adjunto algunas imágenes. Todo comienza cuando Lisa hace un experimento de ciencias sospechando -todos los hemos hecho- las propiedades mágicas de la coca-cola: introduce un diente en un tazón con la bebida esperando que ésta lo disuelva… mientras tanto Bart prepara otro experimento con electricidad… explosiva coincidencia.

Como no podía ser de otra manera, Lisa acaba sufriendo una descarga eléctrica y, de rebote, la muela sumergida en la bebida de cola también la recibe… a partir de aquí, se desencadena una extraña reacción (el génesis que da nombre al capítulo) y la vida aparece en la muela como si del planeta tierra en sus orígenes se tratara.. sólo que la evolución es fulminante, todo ocurre en una noche y Lisa se encuentra a la mañana siguiente, al mirar por el microscopio, con un nuevo mundo que sufre un desarrollo vertiginoso dentro del tazón. Pronto aparecen los primeros seres y una diminuta civilización que venera a Lisa como a su diosa creadora.

La evolución en el planeta-diente va a toda pastilla, y cuando ya están en el futuro (con sus naves espaciales incluídas) Bart lo descubre y no se le ocurre otra cosa que aplastar con su inocente dedo el pequeño mundo de Lisa. Los habitantes supervivientes del tazón (en el que el dedo de Bart ha producido un verdadero apocalipsis, todo son incendios y destrucción por doquier) envían inmediatamente naves para castigar a Bart, pero no consiguen su propósito porque para el hermano de Lisa los disparos son como picaduras de mosquito, poco más.

Repentinamente, Lisa comienza a hacerse más y más pequeña, hasta alcanzar el tamaño de sus diminutos súbditos; una vez en su mundo y elevada al trono, le piden ayuda para combatir al demonio de su pequeño cosmos (o sea, Bart, quién iba a ser!). Pero a ese tamaño poco puede hacer Lisa… Bart se lleva el tazón a la escuela y gana el primer premio del experimento de ciencias y Lisa se da cuenta, horrorizada, de que se quedará en su mundo diminuto para siempre…

Prestad atención a los Simpson porque un día de estos lo volverán a poner; ya sabemos que es una serie de la que podemos ver mil veces los mismos capítulos sin cansarnos nunca… (por fortuna para la cadena que la emite en España).

martes, 8 de julio de 2014

Un ciervo cazado ya no es un ciervo

Denys Finch Hatton

Hola.. hoy os muestro una vista del continente diminuto a vista de pájaro… o quizá desde el avión de Denys Finch Hatton. El aviador volaba de una punta a otra de África, al igual que algunas intrépidas aviadoras como Beryl Markham (os recomiendo vivamente su precioso libro Al oeste con la noche, una crónica magistral, de gran calidad literaria, de los años que pasó la autora en África). La valentía y el amor al peligro de estos pilotos verdaderamente nos causan asombro. Debemos tener en cuenta que en aquellos años (primeras décadas del siglo xx) existían en el continente africano amplias zonas sin explorar, de modo que constantemente sobrevolaban parajes jamás transitados por el hombre blanco (afortunadamente para la vida salvaje). Lugares en los que un aterrizaje forzoso podía significar la muerte lenta a miles de kilómetros de cualquier forma de ayuda.

Desgraciadamente, tengo que comentar que el objetivo frecuente de estos vuelos era la localización de animales para su caza indiscriminada, lo que arroja una sombra siniestra sobre lo que podía haber sido simplemente una gesta valerosa y llena de belleza. Visualizados así, desde el aire, los elefantes, leones y otros seres vivos no tenían recursos para escapar de algo que la naturaleza, durante cientos de miles de años de evolución, nunca había introducido en sus vidas, como es una amenaza desde el aire. Amenaza sin piedad alguna: los pilotos avistaban las manadas y daban a conocer su paradero exacto a los ávidos cazadores llegados de todo el mundo para matar; por deporte, por moda, por status social, por simple estupidez.

En esta desigual y cruel contienda, los animales tenían todas las de perder. Con la ayuda inexorable de la tecnología (circustancia que se repite desgraciadamente en cuanto se levanta la veda en cualquier lugar del mundo) el cazador arrebata la vida a su víctima haciendo uso de recursos para los que el animal está indefenso, matando a seres inocentes que tienen una vida única, unos lazos familiares, unas emociones compartidas, una memoria e incluso una cultura transmitida de generación en generación, como en el caso de los elefantes.

Pero todo eso lo desprecia el cazador, preocupado únicamente en guardar una cabeza seca,  sin vida, polvorienta y con ojos de vidrio, como testigo forzoso y ya definitivamente mudo de su bárbara hazaña.

Como decía magníficamente el poeta surrealista francés René Char, «un ciervo cazado ya no es un ciervo, es un animal muerto». Os recomiendo la lectura de sus poemas.

En los primeros años del siglo xx, eran numerosas las cacerías africanas de los ricos europeos y norteamericanos. Bueno, no ha dejado de ocurrir, recordad la lamentable cacería del ex rey de España, con ese bello elefante desinflado como un muñeco tras él, apoyado contra el tronco de un árbol en una absurdo intento de hacerle recuperar el esplendor que sólo su corazón latiendo podía otorgarle. Y me duele poner esta foto por la indiferencia al sufrimiento que delata, por la arrogancia estúpida de los cazadores, pero es que no debemos olvidarla.

Aún hoy, cazar en África es básicamente una actividad de ricos ociosos, deliberadamente ignorantes de la riqueza que supone la vida de un animal, de sus condiciones de supervivencia (muchos, amenazados de extinción). También la caza furtiva no ha dejado de esquilmar la poca vida salvaje que va quedando, motivada por la desesperación e ignorancia de los nativos y las lamentables creencias medicinales de los pueblos asiáticos, sin olvidar que en occidente se sigue comerciando con marfil para decoración y joyería.

Como un apunte de esperanza, también la tecnología puede jugar un papel en la salvación de la fauna salvaje, como el uso de Google Earth y drones para preservar la vida de los elefantes africanos, entre otras iniciativas conservacionistas.

Desde que fue descubierto por Occidente, el suelo africano sólo ha padecido la explotación y el pillaje más descarnado. Queda sólo en la memoria colectiva la imagen de lo que fue: un espacio sin límites, lleno de junglas misteriosas con una fauna exuberante, una diversidad de ecosistemas sin igual en el mundo. Un edén salvaje e inexplorado al que intenta rendir tributo esta diminutopía. 

domingo, 6 de julio de 2014

Gulliver estuvo allí

Los Liliputienses rusos desfilan bajo Gulliver
¡Cómo no hablar del querido reino de Liliput en este blog! Ese mundo al que arribó aquel viajero sin tregua llamado Gulliver. Sus aventuras están recogidas en Los viajes de Gulliver o «viajes a algunas naciones remotas del mundo» en su título en inglés. El protagonista de la novela, escrita por Jonathan Swift en 1726, se ha convertido en un poderoso icono colectivo y ha sido llevado al cine en numerosas ocasiones, como en esta curiosa versión animada de 1939. Incluso podemos ver una versión marxista del realizador ucraniano Alexander Ptushko, realizada en 1935, o la más reciente protagonizada por Richard Harris en 1977. La última, creo, es la patochada de Hollywood de 2010 protagonizada por Jack Black sin ningún encanto ni sustancia.

Las costas de Liliput son el lugar en el que Gulliver aparece sujeto por mil pequeñas sogas cuando despierta de un violento naufragio, tras un encontronazo con piratas, tendido sobre la playa donde le han arrojado las olas. Parece ser que esta playa podría estar situada cerca de Sumatra o Australia, lo que explicaría la existencia de gentes de raza blanca en distantes islas del océano pacífico. Adjunto un mapa por si queréis ir.

Mapa de la ubicación de Liliput
Cuando despierta, descubre a unos personajes minúsculos, pero con un gran orgullo y determinación: los habitantes del reino de Liliput. Liliput posee un tamaño de 5.000 blustrugos (17,312 Km 2) y un canal de 700 metros la separa de su archienemigo reino de Blefuscu. Gulliver se gana la confianza de los liliputienses, consiguiendo ser aceptado en el reino y vivir en su capital, Mildendo (cuya planta es un cuadrado exacto, dividida en cuatro barrios, con el palacio imperial, Belfaborac, en su centro y una población de ¡medio millón de habitantes!). Bajo la protección del emperador Golbasto Momaren Evlame Gurdilo Shefin Mully Ully Güe, Delicia y terror del Universo (humilde personaje, como podemos deducir de su escueto nombre) Gulliver consigue ser aceptado y figurar en el quién es quién de Liliput.

Liliput y Blefuscu están en guerra permanente, guerra causada por una disputa sobre cómo cascar los huevos hervidos. (Este enfrentamiento suena muy británico, no podemos imaginar semejante motivo sugerido por un escritor que no fuera de aquel entorno). Ambos reinos (o imperios, según la narración) evocan a Reino Unido y Francia, y su discrepancia sobre cómo cascar los huevos sería un símbolo de las frecuentes desavenencias entre países tan próximos y a la vez tan distintos. No olvidemos que Jonathan Swift concibió sus obra como una sátira, muy en boga en su época, y este enfrentamiento por algo tan nimio podría ser un símbolo de eternas disputas sin solución entre los dos países (bueno, más bien entre Gran Bretaña y el resto del mundo). La obra de Swift expresa una visión muy crítica con la sociedad y la condición humana.

Imagen de la versión animada de 1939
Tras vivir (y comer, para desesperación de los liliputienses, que a duras penas consiguen llenar tan gigantesco estómago) en Liliput, se ve envuelto en una batalla más con el reino de Blefuscu. Utilizando la ventaja de su tamaño en una sigilosa empresa, consigue desarmar al estado rival robando sus barcos; pero poco después provoca el rechazo de los liliputienses al no satisfacer sus deseos de dominio absoluto sobre los rivales. Expulsado de Liliput, logra huir hasta ser rescatado por un barco que le lleva de vuelta a casa. Hasta el siguiente viaje, claro está.