domingo, 29 de junio de 2014

Yo no puse nombre a los animales

Rinocerontes y avestruces en el delta del Okavango
Hoy os cuento cómo estoy creando esta África diminuta y los numerosos animales que la pueblan. En primer lugar he de aclarar que todo en mis maquetas está creado por mí, es decir, no sigo ninguna plantilla preexistente, ningún patrón impreso, que es lo habitual en la confección de maquetas.

Yo busco los mapas, la geografía, la historia de los lugares que recreo y sobre esa base empiezo a realizar mis maquetas con cartón, gouache y cola.

De igual manera, busco imágenes de los animales y las interpreto de manera que puedan resolverse en una forma simple sobre una cartulina de color, apta para ser recortada con una cuchilla a muy pequeño tamaño, resolviendo en pocos cortes las señas de identidad de cada animal. De esta forma, los animales son en cierto modo una abstracción de su forma en la naturaleza, una silueta que recoge sus rasgos esenciales. Y no, yo no les pongo nombre como Dios o ciertos documentales.

Fabricando cocodrilos
También considero que es necesaria la imaginación del espectador, su capacidad de juego. Esa mirada en cierto modo infantil que nadie debería haber perdido, pero pulida desde el adulto, una mirada que ya no es ingenua, pero que quiere creer en lo maravilloso. No me interesa la perfección, sino la evocación.

Entrar en un mundo diminuto es hacer una escapada a la infancia, soñar con todos esos mundos que estaban por descubrir y que adivinábamos en cada rincón, en cada sombra, en la forma caprichosa de un árbol o una nube, un mundo en el que las alfombras eran infinitas praderas, las sillas precipicios vertiginosos y un barreño lleno de agua, un mar dispuesto a la aventura.

Recrear esas imágenes que inundaban nuestra mente cuando veíamos los mapas de los dominios de Tarzán en las selvas del Congo al principio de sus películas, como fondo a los títulos de crédito (de él hablaremos en otro post, es un personaje polémico al que no sé si permitiremos la entrada en el continente diminuto.. quizá exigiéndole unas estrictas normas de conducta con los animales: nada de matarlos por placer, nada de avasallarlos, nada de ayudar a los cazadores a masacrar elefantes para robarles su marfil).

Respecto a los tamaños comparativos, a la vista está que no son proporcionales. Por ejemplo, algunos árboles son tan altos como montañas de miles de metros de altitud. Pero es que mis maquetas son una narración, no una foto. A la manera de los códices medievales o pinturas egipcias, el tamaño resultante está en proporción a la voluntad de mostrar un todo, dentro de los límites de lo manejable; llego al tamaño adecuado hasta donde puedo cortar, pintar y manipular para que los objetos y animales mantengan su identidad.
Fases de la construcción de una palmera

He procurado que, a vista de pájaro, el continente, con sus ríos y cadenas montañosas, mantenga sus proporciones y que, de cerca, dé juego para recrear escenas.

Las entrañas del África diminuta
La base del continente está realizado con planchas de cartón grueso, respetando las elevaciones del terreno según mapas cartográficos reales. Posteriormente a estas planchas le he añadido los relieves peculiares, como las montañas. Todo ello lo he recubierto de papel mojado en una mezcla de cola y pasta para lienzos, y posteriormente le aplico a todo una capa de pintura de un tono uniforme rojizo (como el suelo de África) para terminar con los detalles de coloración según las zonas sean boscosas, desérticas, savanas, etc.

Mientras construyo la maqueta, disfruto recorriéndola, asomándome a sus abismos de escasos centímetros, penetro en selvas axfisiantes y recorro caudalosos ríos. Imagino lo que irá llegando en el futuro, espero con ilusión el momento de introducir las aves… Todo forma parte de mi doble vida cotidiana.

P.D: He creído ver señales del paso de algún ser animado por la maqueta… he encontrado unas huellas diminutas en las montañas de Sudáfrica que no sé cómo interpretar.. ¿quizá una hormiga curiosa?

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