jueves, 3 de julio de 2014

Diario del hombre menguante II

Mi desgraciado encuentro con la araña gigante
Parece ser que este extraño sueño que estoy viviendo continúa. Me despierto y siento mis diminutos pulmones hincharse con el aire fresco de la mañana africana. Creo que me gusta vivir aquí, instalado en un mundo hermoso, en el que -por fin- sus criaturas guardan una proporción razonable conmigo, sin tener que huir de arañas gigantescas o gatos tipo dinosaurio. Es verdad que el peligro no ha desaparecido, porque las fieras acechan, pero creedme que es preferible un león hambriento a una araña del tamaño de un edificio de cinco pisos! Además, ¡tengo tantas cosas que descubrir!


La reina de Saba?
Así que voy a explorar este continente a mi medida. En una aldea bantú, un viejo hechicero me ha contado que existe un personaje con un poder absoluto sobre la vida y la muerte, alguien con riquezas suficientes para levantar templos y ciudades fabulosas. Hablamos de la reina de Saba quien, me dijo, habita en el gran Zimbabwe, al sur del continente. Aunque otros dicen que su reino está en Etiopía. En fin, voy a ir a buscarla, puede ser un encuentro digno de recordar. Por el camino, no dejaré de ver las maravillas naturales que este mundo alberga. Allí veo una manada de cebras y gacelas...

Me encantará conocerla si tengo la suerte de ser presentado, aunque tendrán que prestarme ropa adecuada, naturalmente... Parece ser la suya una cultura muy desarrollada, y seguro que allí podré encontrar refugio y civilización para, por lo menos, dormir en un buen colchón y darme un largo baño con jabón.

Después de todo, tengo todo el tiempo del mundo. Parece ser que la radiactividad produjo en mí otros efectos además de la disminución progresiva de tamaño; creo que no envejezco. Sí, habéis leído bien, algo en mis células se niega a aceptar el paso del tiempo, y mi cara y mi cuerpo son básicamente los mismos que en el día que pasó sobre mí la maldita nube, aunque en formato micro. Otro efecto que constato es que parece ser (toco madera) que ya no voy a menguar más: es como si hubiera llegado al tamaño mínimo compatible con la vida humana. Os seguiré contando todos los efectos sorprendentes que vaya descubriendo..

No sé mucha geografía, pero como desde aquí diviso el Kilimanjaro, y hacia el norte están las tierras altas de Etiopía, Mozambique debe estar en la dirección contraria, hacia el sur… ¿Estará allí el reino de la reina de Saba, El gran Zimbabwe?

Tras agotadoras jornadas, pero llenas del placer de contemplar la vida salvaje y territorios sin explotar, he divisado las selvas de Mozambique. Pero justo cuando me dispongo a continuar el viaje, tras un reparador baño en el lago Malawi, oigo unos tambores a lo lejos… de repente, estoy rodeado por un numeroso grupo de guerreros, que me invitan amablemente a visitar su poblado, invitación que acepto mirando de reojo a sus afiladas lanzas. Según supe después, se trataba de Zulúes.
Ruinas del gran Zimbabwe
en el África diminuta

Afortunadamente, como aún no habían aparecido los británicos por allí, su enemistad hacia la raza blanca tampoco. Soy guiado con amabilidad a una zona de la selva en la que antiguos relatos situaban una civilización pretérita… lamentablemente, de ella sólo quedan ruinas, y mi deseado encuentro con la reina de Saba quedaba pospuesto hasta otra ocasión… quizá la conoceré en Etiopía, donde otras tribus sitúan su reino.

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