miércoles, 23 de julio de 2014

Insectopía

Por descontado, la diminutopía más deseada sobre la tierra es la de las hormigas de la película Antz… latas de refrescos diseminando su pegajoso contenido, envoltorios de caramelos, restos de pasteles, frutas en descomposición… Insectopía, todo un universo pringoso para disfrute de hormigas y demás parientes, es un feliz hallazgo del cine, envuelto en la canción de Neil Finn que pone música a semejante paraíso: I can see clearly now the rain is gone… 

Y es que los insectos saben mucho de mundos diminutos.. ellos atesoran las pequeñas partículas de alimento que para nosotros son invisibles, elaboran minuciosas y asombrosas ciudades, tienden trampas, trepan hasta alturas increíbles, se manejan por la oscuridad con misteriosos sentidos, se comunican en un lenguaje inaccesible para los humanos... Luchan, aman y mueren en un formato mínimo que nos hace mirarles, cuando nos damos cuenta de su presencia, entre la simpatía, la admiración y el asco, según sean hormigas,  mariposas o gusanos.

Y es que también a este mundo paralelo le aplicamos las reglas de nuestro, ése si pequeño, mundo mental. Valoramos el mundo natural y animal en función de lo que nos aporta, del uso que le damos, de lo parecidos o no a nosotros y nuestro lenguaje que sean sus especímenes. De todos modos, sus diminutas vidas poco nos importan, aunque demuestren sobrevivir en las condiciones más extremas, en lugares que a nosotros nos resultan vedados.

Salvo los budistas, que ponen buen cuidado en no pisar ni una hormiga, los humanos no conceden a los insectos la categoría de seres vivos; más bien pensamos de ellos que son como pequeñas máquinas sin emoción, sólo alabadas cuando son productivas. Y sabemos tan poco de estos animales! Bueno, de los demás tampoco sabemos mucho, pero parece que les otorgamos algunos peldaños más en la escalera que se acerca al rey (tirano más bien) de la creación.

Cuando nos asomamos a su mundo con humildad y sincero afán de descubrimiento, nos podemos encontrar, por ejemplo, con la visión que recoge la maravillosa película documental Microcosmos, de Claude Nuridsany y Marie Pérennou. Un espectáculo con grandes batallas, gestas heroicas, lances amorosos... que nos brindan una magnífica ocasión de revisar nuestro sentido de la superioridad. La acompaña una música inquietante y poderosa, firmada por Bruno Coulais, construída con sonidos evocadores del extraño mundo que describe el film, una banda sonora magnética con ecos de ciencia ficción que nos hace percibir el mundo de los insectos como una galaxia lejana en la que hemos aterrizado inopinadamente.

Por cierto, pensando en el futuro de otro insecto muy querido (y útil), podeís participar en la campaña de Greenpeace: SALVEMOS LAS ABEJAS. Si lo preferís, #SOSabejas No sé si sabréis que las abejas están desapareciendo masivamente en todo el mundo, siendo ya una preocupación a escala gubernamental. Pesticidas y demás productos tóxicos, además de la falta de diversidad genética en flores cultivadas, entre otros factores, están llevando al límite de la supervivencia a un animal crucial en el sistema reproductivo de las plantas y, en consecuencia, con fatales consecuencias sobre el entorno natural y nuestro propio futuro, ya que, directa o indirectamente, la mayoría de los alimentos que consumimos han tenido en estos insectos una de sus escalas obligadas.

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