domingo, 13 de julio de 2014

Las fuentes del Congo

El curso del río Congo en el África Diminutópica

Hoy os voy a contar el descubrimiento (por los occidentales) del curso de este gran río africano, anteriormente conocido como Zaire. Es el mayor río del África central y el más caudaloso del mundo después del Amazonas. Los exploradores europeos que bordearon África ya desde el siglo XV en busca de una ruta hacia la India, oro y esclavos (siempre atentos a las oportunidades de negocio, aunque fuese a costa de las vidas de otros), tardaron mucho tiempo en adentrarse en el interior del continente. La selva tropical que rodea el Congo y sus afluentes es (era?) la segunda más extensa del mundo. Lamento deciros que la deforestación avanza cruelmente, así que no se te ocurra comprar ningún objeto de madera africana, a menos que tenga un certificado de explotación sostenible.

Uno de los mapas del Congo empleados por James K. Tuckey
Desde la antigüedad, África era un inmenso misterio, plagado de selvas y peligros de todo tipo, un espacio inabarcable del que no había mapa, plano o carta de navegación alguna, salvo los rudimentarios trazados por griegos y fenicios. Además de lo que se adivinaba o imaginaba, los relatos de los nativos aportaban dimensiones fantasmagóricas (sobre seres monstruosos, lugares de pesadilla y reinos de tesoros fabulosos) que envolvían en la bruma más absoluta a un continente que todos ambicionaban, pero que desbordaba casi cualquier empresa… su fauna, su flora o su geografía eran casi absolutamente desconocidos y objeto de todo tipo de fantasías.

La desembocadura del río Congo era conocida por los europeos desde que el portugués Diogo Cão llegó a sus aguas en 1484, para morir devorado por un cocodrilo, dicho sea de paso. Merecido se lo tenía, pues sus andanzas por el lugar no eran ajenas al tráfico de esclavos. Antes le dio tiempo a nombrarlo como Zaire, que era como le sonó a un europeo la palabra de los bakongo Nzere, o río que traga los demás ríos (bonita pero amenazante manera de llamarlo). Con este nombre se le conoció hasta el siglo XVIII, cuando comenzó a ser llamado por los europeos río Congo, por el pueblo Kongo que poblaba su cuenca.

Pero de dónde surgía el río fue bastante más complicado de descubrir. En realidad su origen es el río Lualaba, que juega al despiste porque su trayectoria va desde el lago Bangweulu hacia el norte, y los europeos (incluído Livingstone) pensaron que sería en todo caso un afluente del Nilo, pero que nunca iría hacia el Pacífico. Obviamente se equivocaron, pero es que este río hace un quiebro muy llamativo y cambia su curso radicalmente, como podéis ver en la imagen del África diminuta.

Tuckey, con un nativo a modo de adorno
Posteriormente, el británico James Kingston Tuckey, que perdió la vida en el intento, trató de remontarlo en 1816 pensando que existía una conexión con el río Níger, pero no logró superar las cataratas Livingstone, zona de rápidos muy peligrosa antes de llegar al lago Malebo, a cuyas orillas se ubican Brazzaville y Kinshasa, ambas capitales de distintos países con la palabra Congo en su denominación.

Stanley, con el imprescindible nativo a su lado
El explorador y periodista Henry Morton Stanley finalmente logró el objetivo de encontrar sus orígenes en las montañas del valle del Gran Rift, en el lago Tanganika que alimenta el río Lualaba a través del río Lukuga. De paso, Stanley descubrió las míticas Montañas de la Luna (hoy montañas Rwenzori), mencionadas por Ptolomeo como fuentes del Nilo. Además, naturalmente, encontró al Doctor David Livingstone, suponemos.

Livingstone llegó a África como misionero, como tantos otros lunáticos ultrareligiosos que en realidad lo único que consiguieron en nombre de la civilización fue abrir vías para el exterminio de la culturas nativas y la devastación absoluta de la naturaleza.

Ah, en el mapa que abre este blog podeís buscar cocodrilos, elefantes y monos...




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