miércoles, 16 de julio de 2014

Los diminutos seres de Hayao Miyazaki

Pocos directores de cine pueden exhibir una filmografía tan rica y sorprendente como él. Director de culto, Hayao Miyazaki es referencia obligada en el cine de animación japonés (o anime, que no manga), y un director de los que más placeres me han dado con sus maravillosas películas. Con un detalle y virtuosismo incomparable, refleja mundos totalmente personales con profundas raíces en la imaginería tradicional nipona, de la que extrae multitud de referencias que intercala con sus propias ensoñaciones, sobrevoladas siempre por diversos personajes entre la magia, la inocencia y el inexorable paso del tiempo.

Para un espectador occidental, sus imágenes resultan poéticas, terribles y desconcertantes a la vez. Sus monstruos y fantasmas, entrañables y perversos, sacuden nuestras emociones de un extremo a otro, constantemente inmersas en un mundo estéticamente magnético, en el que caben desde el reflejo más puro de las ondas de un pequeño arroyo en los ojos de un niño hasta terribles (e inútiles) guerras obstinadas en acabar con el género humano. Y siempre, el vuelo: extraños artefactos, aviones, brujas, ciudades enteras…es el alma infantil de Miyazaki, teñida con los recuerdos de su infancia, pues su padre tuvo un negocio para fabricar timones de aviones de guerra.

Chihiro o la Alicia de Miyazaki
La princesa Mononoke, activista
por la conservación de los bosques
El viaje de Chihiro, La princesa Mononoke, Mi vecino Totoro… Sus películas, habitualmente protagonizadas por una niña-mujer que sobrevive a cualquier reto que le destino quiera ponerle por delante (sea volar, visitar castillos en el aire o toparse con brujos o fantasmas de todo pelaje), discurren siempre por esa línea imprecisa de la mitología personal del director: siempre a caballo entre los recuerdos puros de la infancia (y de un Japón tradicional que sobrevive al paso del tiempo, residente en reductos escondidos difíciles de descubrir para un ojo apresurado) y las aventuras de aviadores, guerreros o brujos, siempre en la lucha por mantener la ética de la tradición, la naturaleza o la supervivencia de amores adolescentes frente a todas las dificultades del destino.
Totoro, o el duende que todos
querríamos como vecino

Os recomiendo vivamente a quienes no conozcáis la obra de Hayao Miyazaki (Óscar de Hollywood y Oso de oro en Berlín por El viaje de Chihiro, la película más taquillera de la historia del cine japonés) que veáis sus magníficas películas y, los que ya sois seguidores, que las recordéis incansablemente, pues son de una rara belleza que nunca se agota.

Pues bien, Miyazaki también ha incluído seres diminutos en sus películas… por ejemplo, los duendes del polvo y los Kodama.

Los Makkuro Kurosuke
trabajando duramente...
Los duendes del polvo, también llamados conejitos del polvo en inglés (dust bunnies) o, en su nombre original japonés, Makkuro Kurosuke (que significa algo muy negro y oscuro). Como veis en las pelis de Miyazaki, viven en casas deshabitadas, en sus rincones más ocultos, desapareciendo por cualquier rendija al menor rastro de luz. Su función principal es convertirlo todo en polvo… como se diría en España, el polvo cría polvo… Aparecen en Mi vecino Totoro como bolitas peludas y negras escondidos en el desván de la casa y también en El viaje de Chihiro, aquí con patitas, y con el nombre de Susuwatari, hechos del hollín del combustible que alimenta el incesante horno que calienta el agua de la casa de baños.

Los Kodama ensimismados del bosque de Mononoke
Mención especial en este blog merecen los Kodama, que aparecen de forma mágica y encantadora en La princesa Mononoke. Son espíritus de los bosques, y pueden aparecerse con forma vagamente humana, amables o terribles según el caso. En La princesa Mononoke aparecen dulces y delicados, como pastelitos de arroz (mmmm) aunque con un cierto estupor en sus caras que nos pone nerviosos, pues no sabemos si son amigos o simples espectadores de un inminente gran peligro sobre nuestros hombros. Pero tienen todo el encanto del mundo (¡yo quiero uno para mí!) y pronto descubrimos que sólo pueden vivir en un bosque intacto, y deseamos de todo corazón que continúen su existencia fantasmagórica en el bosque tal y como se lo encuentra el protagonista de la película, porque son un signo de la salud del entorno natural.

Uno de mis proyectos es recrear en una maqueta alguno de los preciosos escenarios imaginados por Miyazaki, os aviso si me decido por alguno y me pongo manos a la obra… cada vez que veo sobrevolar a sus personajes por esos mundos entrañables llenos de detalle, me entran ganas de vivir en ellos y conocerlos más de cerca...

Para ahondar en su personal visión del mundo y del cine, os recomiendo este libro: El mundo invisible de Hayao Miyazaki, de Laura Montero. Un exhaustivo y admirado acercamiento al mundo del maestro que nos ayudará a comprenderle mejor (pero no del todo, pues el misterio es una de sus razones de ser).

1 comentario:

  1. Los mundos creados por el Sr. Miyazaki son tan magníficos que me han impulsado a vivir con pasión y magia~♡

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