martes, 19 de agosto de 2014

El humo que truena en el río Zambeze


Además de a un lago (el más grande de África) la soberana británica Victoria (1819 - 1901) también dio nombre a las cataratas más espectaculares del continente y las mayores del mundo, con más de 100 metros de altura y más de un kilómetro y medio de anchura. En realidad, el verdadero nombre de las cataratas fue Mosi-oa-Tunya, que significa El humo que truena. No me negaréis que es un nombre infinitamente más bonito que Victoria... Están situadas entre Zambia y Zimbabue, integradas en parques naturales de ambos países.

El omnipresente Livingstone
Pero su pertenencia a la nomenclatura que los británicos dejaron sembrada por todo el mundo fue debida a que uno de los más abnegados súbditos de la corona británica, el misionero David Livingstone, fue el personaje que las descubrió (para occidente) y les dio la real denominación.

Parece que nunca bastaba con los nombres indígenas y que había que darles nombres "serios" a las cosas, qué manía. En el fondo, una forma más de desprecio por la culturas que los exploradores se iban encontrando, más preocupados por alcanzar la gloria y descubrir parajes para su explotación y pillaje que por un auténtico afán de conocimiento. El no respetar los nombres originales no es un juego de letras inocente, sino una forma de borrar la historia previa a la colonización, los dioses que habitaron sus orillas, las leyendas, los albores de la cultura humana en esas tierras y su convivencia con las demás especies animales.

El río Zambeze (en cuyo curso se hallan las famosas cataratas) nace en Zambia, en el África austral, y desemboca en el océano Índico. Es el cuarto río más largo de África. La región por la que discurre este río era relativamente bien conocida, y se denominaba por parte de los geógrafos medievales como Imperio de Monomotapa. Imperio que, dicho sea de paso, ya se encargaron los portugueses de asediar y destruir convenientemente desde que descubrieron los beneficios del tráfico del oro y el marfil (o sea, ese material conseguido con el sacrificio cruel y constante de elefantes).

Lamento contaros también que dos presas (Kariba y Cahora Bassa) han alterado profundamente los ecosistemas del río, de manera que todo el hábitat que surgía con las inundaciones periódicas se ha alterado gravemente, sobre todo respecto a los grandes mamíferos. Es lo que tienen las presas en todo el mundo, que dan mucha energía, sí, pero quitan muchas vidas también, igualmente valiosas. Menos mal que en el África diminuta no hay ninguna presa….

Vasco da Gama
La desembocadura del río fue descubierta en 1498 por el navegante portugués  Vasco da Gama. Pero el primer europeo que exploró el curso superior del río fue David Livingstone, como dije al principio. Asimismo, en su descenso por el río hasta su desembocadura, el misionero descubrió las cataratas cuyo nombre indígena ignoró para dárselo a su soberana. En realidad hizo múltiples exploraciones, desde diversos puntos, hasta dibujar una visión global del río y sus múltiples afluentes y cascadas.

El tiburón de las aguas dulces
Como curiosidad inquietante, os diré que en este río, y también en el amazonas y en otros ríos caudalosos como el Ganges, se puede ver con frecuencia un tiburón de gran tamaño (más de tres metros) que es capaz de remontar cursos de agua dulce, el tiburón Lamia o Gayarre. Y esto es así por una glándula especial que tiene en el riñón que le permite contener el agua salada en su organismo y expulsar el agua dulce, lo que hace que el animal pueda estar en aguas dulces durante más de un año. Para otros peces marinos esto sería imposible.

Aunque su sola mención despierte cierto miedo, en realidad los infelices tiburones (imprescindibles en el ecosistema marino) sólo cumplen con sus instintos y capacidades naturales para obtener alimento y en muy pocos casos son depredadores del hombre. Su fama sanguinaria (ya proclamada desde los títulos de los documentales y películas) es totalmente inmerecida, y lamentablemente lleva a muchas personas a creer que son un peligro a eliminar. Como tantos otros hermosos animales que han ido cayendo por el simple hecho de resultar una competencia para una especie que lo quiere todo para sí; o sea, la nuestra.

La que debiera tener fama de destructora y cruel sin límites es precisamente la especie humana, que es capaz de cortarles las aletas vivos (en una práctica denominada finning en inglés) y arrojarlos de nuevo al mar para una muerte lenta y angustiosa. Si quieres, puedes colaborar para detener esta práctica infame.

P.D: Perdonad porque creo que me ha salido un post demasiado realista… en otra ocasión prometo defender mejor la bandera de las diminutopías!








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