jueves, 3 de marzo de 2016

Little people de otros planetas

Además de la inquietante existencia de los seres que nos describe Haruki Murakami en su novela 1Q84, parece que hay otra little people por el universo… o sea, que además de ser muy pequeños están muy, muy lejos.

La nave aterriza en un valle
de otro planeta...
Concretamente, en un planeta que aparece en la serie de televisión Twilight zone (o zona del crepúsculo) emitida allá por el lejanísimo también año 1962 (yo tenía dos añitos y el hombre aún no había pisado la luna). En uno de sus episodios, los astronautas Fletcher y Craig van a parar a un planeta desconocido para reparar su nave. Cuando inspeccionan el lugar, descubren una ciudad poblada por gente del tamaño de las hormigas. La infeliz little people que la habita pronto descubrirá cómo se las gasta un terrícola cuando nada le frena.

El pie de Craig
haciendo de las suyas...
Al igual que nosotros hacemos con los pequeños insectos, Craig se divierte aplastando sus edificios, proclamándose Dios (un ejercicio bastante fácil de superioridad sobre los más débiles, sentimiento al que la raza humana es tan inclinada). Fletcher se detiene de momento, pero no puede evitar que a su compañero se le vaya la olla (bastante) y exija a sus sometidos y aterrorizados súbditos que le erijan una estatua a tamaño natural. Su locura sigue en aumento y finalmente despide al otro tripulante de la misión diciéndole que no hay espacio en el planeta para dos dioses.

La estatua
Fletcher se va… pero de repente una nueva nave aterriza sobre el planeta. Dos astronautas, grandes como montañas, aparecen en el horizonte. Con la mala suerte para Craig (ya sabes, el que se creía dios) de que uno de los nuevos exploradores le coge con curiosidad pero no puede evitar aplastarlo… circunstancia que celebran alborozados la little people del planeta derribando la estatua del cruel hombre del espacio que se creyó su dios y les había exigido tan lamentable tributo.
Los nuevos dioses

Como veis, una parábola en la que los tamaños demuestran ser relativos y la crueldad, natural en el ser humano, además de bastante gratuita se revela dañina e inútil. No os preocupéis, que yo no exigiré nunca una estatua a mis pequeños habitantes de las diminutopías...

2 comentarios:

  1. Hola Juampi, muchas gracias por tu texto. Twilight zone no la he visto y ahora por razones colaterales a mi tesis veo pocas series. La idea del mundo pequeño me atrae pero como dijo alguien ocurrente y sabio el mundo real es mucho más pequeño que el mundo de la imaginación. Feliz día

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  2. Jajajaja, me quedo más tranquila con lo de la estatuas. Besos, Juan Pablo.

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