viernes, 29 de abril de 2016

Bailando con pequeñas Hadas

Frances y las hadas
La historia que os cuento hoy provocó una gran polémica en su día. Nada menos que Sir Arthur Conan Doyle, el creador de Sherlock Holmes, fue uno de los responsables de crearla y propagarla y, al día de hoy, sigue resultando interesante tanto por la ingenuidad que revela en la sociedad británica de la época como por la necesidad que muestra en nosotros de creer en mundos imaginarios. El autor siempre mantuvo una cierta ambigüedad sobre su creencia o no en el fenómeno, de manera que la historia ha conservado un aire de misterio en el que las pequeñas hadas siguen viviendo.

Arthur Conan Doyle
Estamos en 1917. La historia comienza con dos niñas, Elsie Wright y Frances Griffiths, de 16 y 10 años. Según ellas, se encontraron con unas hadas en el bosque de Cottingley y se hicieron fotos con ellas. Como la fotografía estaba en aquellos días empezando, la inevitable falta de definición de las imágenes ayudó a la historia. Ya sabemos que los fantasmas siempre aparecen un poco (bastante) difusos. Incluso así, esas fotos se exhibieron como prueba irrefutable de que las hadas eran reales. A mi me parece que se ve bastante claro que son recortables, pero en fin, sería por una fe absoluta en las nuevas técnicas de reproducción de imágenes...

Frances Griffiths
y Elsie Wright. 1917
Desde luego era muy sospechoso que a Elsie, la mayor, le gustasen obsesivamente la hadas y tuviese habilidad con el dibujo. El padre (y dueño de la cámara) no se lo creyó nada, pero las madres estaban más dispuestas a creerlas. Era una idea demasiado sugestiva para ignorarla. Volvieron a hacer fotos, ahora a un duende. Recordemos que en  esta época el ocultismo estaba en boga en todo occidente. Y una historia de hadas encajaba como anillo al dedo para defender la existencia de espíritus y fantasmas, en los que la gente estaba deseando creer.
Madame Blavatsky

Cuando la madre de Elsie le comentó, después de una sus conferencias, a la famosa Helena Blavatsky (espiritista muy famosa en esos momentos) que su hija había hecho fotos a unas hadas, el fenómeno empezó su andadura popular. Poco después llegó a oídos de Arthur Conan Doyle, quien precisamente publicó un artículo sobre hadas en el número de navidad de The Strand Magazine. El hecho es que el escritor pareció creer que las fotos eran auténticas después de su examen por parte de unos supuestos especialistas.


Totalmente convencido en ese momento, el escritor publicó el libro El misterio de las hadas, en 1920. Para él (que llegó a ser espiritista y firme defensor de la autenticidad de los llamados fenómenos psíquicos) era indudable que, con la aparición de la fotografía, más y más testimonios de la existencia de seres fantásticos iban a ver la luz; incluso la ciencia habría de admitirlos sin reservas. De ahí a comunicarse con ellos sólo había un paso.

Como ya sabemos, no ha sido así, Lo que ha hecho la ciencia (y el periodismo) es investigar, y de resultas de ello se conoció finalmente que todo era un montaje de la niña, quien había reproducido con habilidad una ilustración de uno de sus libros de cuentos de 1915, las había recortado, puesto alas y las había sujetado con alfileres frente a Frances para formar la supuesta aparición.

Se hizo una película sobre este caso, llamada Cuento de hadas, en 1997, con Peter O´toole como protagonista.

De todos modos, estaréis de acuerdo conmigo en que, de algún modo, esas hadas existieron. Mientras Elsie recortaba sus hadas y creaba el escenario de sus fotos, no me cabe duda de que su imaginación las estaba haciendo volar y algo del polvo mágico de sus alas cayó sobre el sombrío bosque de Cottingley.

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