jueves, 21 de abril de 2016

Viajando por mapas

¿Cuantas veces no hemos imaginado, mirando un mapa, que viajábamos a través de él?  Escudriñando entre sus líneas de carreteras, límites territoriales y símbolos, casi podemos visitar mil lugares a los que probablemente nunca iremos físicamente. Y gracias a Google (léase Dios), incluso podemos sobrevolar y aterrizar en cualquier lugar del globo que queramos, para desplazarnos curioseando por parajes a los que difícilmente tendremos acceso o ciudades que probablemente nunca visitaremos.

Para mí, estos planos del mundo son un reto y me atrevería a afirmar que es más estimulante su contemplación que, probablemente, la visita a los espacios que cartografían y detallan. Porque contemplando un mapa viajamos de otra manera: ponemos los ojos en lugar de los pies… si además podemos contemplar planos de otros tiempos, entonces el deslumbramiento puede ser total: África apenas explorada, continentes inventados, animales fabulosos y reinos de leyenda.

Y esto es así porque ante una representación gráfica, se desborda la imaginación; y ésta es capaz de resaltar aquello que nos atrae e ignorar lo que nos desagrada, de crear situaciones y mundos soñados (con ayuda del cine, frecuentemente) y eludir la penosa realidad que circunda cada rincón del planeta. Frente a un plano de New York, podemos viajar por la ciudad sin aglomeraciones ni atascos, pasear por Central Park, subir a Empire State Building… en segundos, a modo del Aleph borgiano, se concentran en nuestra mente miles de imágenes asociadas a esos espacios y las líneas cobran vida propia. Si nos fijamos bien, podemos ver a nuestros alter ego allí, pequeñitos, enfilando la Quinta avenida...

Recuerdo también ahora la curiosa obra del fotógrafo imaginado por Michel Houellebecq en su obra El mapa y el territorio. Su personaje central, Jed Martin, realizaba fotografías de los mapas de carreteras Michelín. No podemos ver esas fotos, naturalmente, pero las podemos imaginar gracias a la evocación del escritor: viajes a través de primeros planos de las páginas de la guía, imágenes de carreteras sin fin, de castillos, ciudades y parajes espectaculares, restaurantes apetecibles, castillos, horizontes perdidos en un desenfoque o una sombra.. y el abrupto final del mundo conocido al final de cada página.



Contemplando un mapa, podemos tener fácilmente la sensación de ser todopoderosos, de contemplar el mundo con los ojos de Dios (lo dijo Isak Dinesen al subir por primera vez a un aeroplano). Como si el mundo fuera un reflejo del mapa y no al revés, como si hubiéramos encontrado los planos divinos de la creación…

En este blog hablaremos de planos y mapas (en su faceta menos práctica, eso sí), una particular forma de organizar, también, los sueños.

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