domingo, 7 de agosto de 2016

Diario del hombre menguante: el baile final


Sí, me dirijo al baile que sé que está ocurriendo en alguna parte de este laberinto, lo puedo oir. No es que se molesten precisamente en disimularlo e impedir molestias a los vecinos. Sí, ya me reconozco como vecino: Mr. Scott Carey, laberinto del Hotel Overlook, algún pasillo indeterminado a la derecha, Colorado, USA. Y es que estos invitados tienen muy poco respeto por el descanso de los demás. Conforme me acerco, guiado únicamente por el sonido oscilante que me llega como las olas de una marea extratemporal, el estruendo de las risas, las copas y la orquesta va en aumento.

Un momento. Alguien más está por aquí. No me refiero a alguien que lleva muerto un siglo, sino a una persona o personas que han dejado sus huellas en la grava. Como comprenderéis, uno ya detecta, como un lobo, cualquier atisbo de presencia (real o no) en el suelo de lo que ha acabado siendo mi paisaje cotidiano. Me he hecho un experto en detectar cualquier minúsculo cambio en este hogar que me envuelve. Estas huellas parecen de varias personas. Unas son muy pequeñas, probablemente de un niño. Otras son más grandes, se diría que el individuo cojea por la diferente profundidad entre la derecha y la izquierda. Además veo manchas de sangre junto a ellas... También hay otras medianas, también apresuradas... probablemente una mujer por el tamaño... creo que siguen todas un mismo sendero, el marcado por las pisadas del crío...

El rastro de sangre se hace más intenso. Voy al origen de estas huellas, quizá alguien necesite ayuda. Dios mío, no puedo decir que hoy esté siendo una noche tranquila! Algo veo bajo la luz de un farol (¿desde cuando hay faroles aquí?).. Oh no, frente a mí se halla el origen de toda esa sangre que recorre el laberinto, el cadáver de un personaje que no había visto hasta ahora. Me acerco, pero sólo lo suficiente para comprobar que es de raza negra y que ya no le queda un soplo de vida. Voy a buscar al responsable, un asesino que tiene a su merced a un niño y, probablemente, a una mujer.

Allá voy... parece que me voy acercando, el rastro sanguiñolento es evidente. Ahí está, me escondo para que no me vea.. no se ve bien, pero parece que lleva algo en las manos.. sí, ya lo distingo, ¡es un hacha! Este individuo parece muy muy peligroso. Ahora le veo mejor, su cara enloquecida, su mirada fija y su aspecto de sabueso en busca de una presa malherida. Me escondo aterrorizado. Un momento! veo a alguien correr... ¡es el niño! Pasa corriendo sin verme, concentrado en huir de algo que le persigue... ¿el hombre del hacha?

Esperad, ahora aparece la mujer, lleva un gran cuchillo en las manos, se diría que se va a enfrentar al perseguidor... es muy valiente, pero no puede evitar un violento temblor que la sacude. Con determinación, se pone en el camino entre el niño y el hombre del hacha.

Me va a dar un infarto. Y la música no deja de sonar, lo que hace que la escena que estoy presenciando parezca menos real aún que mis vecinos fantasmas, que ya es decir. El niño sigue en su alocada carrera, decido seguirle.