martes, 1 de julio de 2014

Netsuke: el arte de lo mínimo

La estética japonesa siempre nos ha impactado por su belleza y expresividad, y no sólo en el arte de la pintura, la escultura o la arquitectura; muchos objetos artísticos que hoy pueblan los museos fueron en su día objetos de uso cotidiano.

Imagino que algunos habréis oído hablar de los Netsuke, pequeñas (pequeñísimas, apenas unos pocos centímetros) figuras japonesas realizadas en marfil -lo siento, antiguamente no había ninguna conciencia conservacionista- o madera y que representan animales, deidades, personajes variopintos y escenas de la vida popular japonesa.

Surgidas a principios del siglo XVII, se idearon como adorno para los cordeles que cerraban las bolsas en las que, a modo de bolsillos, se llevaban los objetos pequeños de uso personal en el atuendo tradicional. Su época de esplendor fue el período EDO, la edad de oro del arte japonés.


Su valoración ha crecido desde su creación, y hoy se consideran auténticas joyas y hacen furor entre los coleccionistas, vendiéndose a precios muy elevados, sobre todo las figuras antiguas. Como no podía ser de otra forma, la firma de los artistas que los tallan acompaña a las esculturas, para indicar la autoría de estas verdaderas obras de arte.

Causa asombro pensar cómo sus autores podían tallar en esa escala personajes y objetos con un detalle tan pasmoso. Y, sobre todo, con una minuciosidad que necesita de una contemplación muy, muy atenta para valorarla, pues la riqueza de elementos es espectacular.

Los artistas japoneses lograron con ellos plasmar un bello mundo ambulante e inagotable, de una belleza íntima que invita a la contemplación. Se diría que son figuras para contemplar con los ojos y los dedos, pues su tacto sedoso se desliza entre los dedos, que van puliéndolos como el mar hace con un canto rodado.

Su leyenda llegó a occidente más tardíamente, a finales del siglo XIX, cuando empezaron a introducirse por parte de coleccionistas ansiosos de descubrir objetos insólitos de fuera de Europa. Lo cuenta magníficamente Edmund de Waal en su precioso libro La liebre con ojos de ámbar, editado en España por Acantilado.

Inmersos en un relato autobiográfico e histórico (desde los orígenes de los antepasados del escritor, que sufrieron los avatares de la convulsa Europa de finales de siglo XIX y principios del XX, hasta nuestros días), la colección de netsuke del autor se convierte, en su mínimo formato, en el sigiloso testigo de una parte crucial de la reciente historia de Europa. París, Viena, Londres… los netsuke recorren un largo y accidentado camino, entre guerras que devastaron el continente, hasta llegar finalmente a manos de quien cuenta hoy su historia. Una gran aventura engarzada al hilo de un arte de lo mínimo que a los amantes de la belleza no puede sino causarnos admiración. 

En la imagen adjunta aparecen algunos de los netsuke de la colección de la familia Ephrussi de la que habla el libro, con la liebre que da título al libro en primer plano.

En este enlace podéis ver una pequeña galería de ellos del Metropolitan Museum of Art de Nueva York.

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