viernes, 15 de agosto de 2014

Cuando los Oompa Loompa dejaron de ser africanos

No podían faltar en este blog. Regreso de mis breves vacaciones presentando a unos amigos que para qué quieres enemigos…  Reconozco que no sé si me caen bien, porque estos diminutos clonados tienen unas caritas muy poco amigables… pero dan mucho juego. Esta tribu de pequeños hombrecillos aparece en la película de Tim Burton Charlie y la fábrica de Chocolate (2005). Son pigmeos de Loompalandia, reclutados oportunamente por Willy Wonka para su fantástica factoría por un puñado de nueces; en esto se comportan como la mayoría de los nativos "descubiertos" por los occidentales: son engañados por una chuchería cualquiera que para ellos es extraordinaria. Pero es que estos Oompa Loompa estaban un poco hartos de comer orugas y a Willy le iban a resultar muy útiles por su práctica de la magia negra.

Para magia, la que hace Willy con el chocolate: inolvidables esos diminutos pájaros de chocolate que cantan y despliegan sus alitas antes de ser engullidos. Hablando de canciones, los Ooompa Loompa también cantan, y muy bien.



Todos tienen la misma cara, con un peinado-moño hacia atrás y unos coloridos trajes de charol apropiados para acompañar a una Blancanieves un tanto dominatrix.


No hay tarea que se les resista a estos laboriosos empleados, y sin duda la fábrica funciona gracias a ellos.. además son capaces de organizar crueles venganzas sin que se les mueva un pelo del moño: el pobre gordito glotón, ahogado en chocolate; la niña insoportable comedora de chicle, lapidada por miles de ardillas…

En su edición original, los Ooompa Loompa eran pigmeos africanos y la obra fue acusada de racista (con toda la razón, ya que eran esclavizados y tratados como animales); así que, en sucesivas ediciones, desaparecieron como pigmeos para convertirse en blanquecinos hippies, y su origen africano se recicló en un reino imaginario. Y es que siempre hay que tener cuidado con lo que denominamos "cultura popular"; damos por hecho ciertos prejuicios muy hirientes para los colectivos afectados, y perpetúan un concepto de superioridad muy trasnochado. Además, introducidos en tramas infantiles son aún más peligrosos, pues los prejuicios están revestidos de inocencia. Tim Burton les devolvió un oportuno color tostado, pero parece que esta vez no levantó mayor polémica, imagino que porque ellos participan entusiásticamente de las labores que les propone el director de la fábrica, saciando de paso unos deseos de venganza que sus miraditas maliciosas delatan… vamos que simpáticos, lo que se dice simpáticos, no son...

La película está basada en la novela del mismo nombre de Roald Dahl, escritor que cuenta con numerosas obras para el público juvenil. Pero, una vez la historia ha pasado por las manos (y los ojos) de Tim Burton, resulta difícil visualizarla de otro modo..

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